En materia de sensaciones,
siempre es bueno separar la paja del trigo. Aprender a diferenciar las unas
de las otras. Son bien distintas, a pesar de que -a priori- algunas puedan
parecerse. Hay sensaciones y sensaciones. Pero muy pocas superan a la de estar sobreviviendo los días. A sentirnos cada
fin de semana del mes sopapeados. En metáfora boxística, con ganas desesperadas
de tirar la toalla, trayendo a la cabeza como un boomerang -y no de manera
caprichosa- la frase del gran Ringo Bonavena: “Suena la campana, y te sacan hasta
el banquito”. La sensación de estar arrastradote por la vida. Si estas en
el barro de esa manera, es la evidencia viva, palpable, de que siguen quedándote
cosas por replantearte.
-
Porqué seguís sin darme bola, Juan? Desde
Febrero te vengo diciendo que el año esta perdido, que se tenía que terminar
rápido este 2013. Tan equivocado no estaba, no?
-
Uff, dios, no te enojes por lo que te voy a
decir, Rober, pero sos infumable man, ¿tan mal te va? En serio lo decís? Si, te
separaste. Si, ves a los guachos dos veces por semana. Si, andas a gamba por
obra y gracia de los controles municipales, y encima acumulaste deudas. Y? Da
para quejarse tanto? La queja es negatividad al palo, Rober, es energía ocupada
en no resolver un carajo. Así no te banca ni tu vieja. Es una cuestión de
percepciones. De cómo te plantas ante la vida, y ante tus quilombos.
-
Ya se, loco, tampoco me cagues así a pedos.
Se que no esta bueno hablar en caliente. No vaya a ser que termine diciendo
cosas horribles que realmente pienso. Ja!
-
Hablar es gratis, Rober. Lo que se dice, sí no
lo es.
Ya se, septiembre. Fuiste testigo
privilegiado cómo el tiempo se desvaneció, se esfumó, frente a vos. Pensas: Solo queda intentar una salida elegante.
Lamentablemente, nadie puede transformar la idea del ‘año perdido’ en uno
ganado, mas que uno mismo. Porque nada nos es dado. Y eso no tiene porqué ser malo.
Al final de cuentas, la felicidad es un estado de ánimo. Es una decisión, que debe
apuntalarse día a día. Abandonar la basura autocomplaciente de andar por la
vida con el semblante caído, balbuceando que el mundo nos ha engañado. Es
variar el enfoque, entendiendo que todo lo que nos sucede -absolutamente todo- lo
merecemos. Nos pertenece. Aprender a sobrellevar las grietas y los sobresaltos. No
con orgullo, sino como cosas que suceden. Irremediablemente.
Todos creemos que nuestros
prejuicios y nuestros problemas son los mejores. A martillazos, la vida nos va
enseñando lo equivocados que estamos. Y cuando la ficha cae, cae en serio. O
redoblamos, o erramos. Es cuestión de animarse a más, de abandonar la zona de
confort, por peligroso que -creemos- pueda llegar a ser. Seguir mascullando la
cantaleta del ‘Yo no merezco esto’ es
cómodo. Autocomplaciente. Sentir lástima de si mismo es la mejor de las excusas
para no enfrentar los problemas, para evitar ponerlos arriba de la mesa, y tener que lidiar con ellos.
- Soy de sentime
satisfecho con poco, Rober. Y no hablo desde lo cuantitativo, sino cualitativamente.
Tal vez, la única cosa decente que intente incansablemente en este puto año
haya sido buscar un cierto grado de honestidad conmigo mismo. Aún en la contradicción.
Sobre todo ahí. Basta con poder creer en una persona, una sola. Esa fe nos
mantiene vivos, nos exalta, y puede llevarnos -porqué no- a la poesía también.
Es una buena forma de olvidarse de la muerte. Y de saber perdonarse a tiempo.
Al año perdido, hay que contraponerle
el imprescindible intento de ganar el año. Es una cuestión de actitud, de
comprensión de la supervivencia. Porque siempre, pase lo que pase, estaremos
llevando con nosotros nuestras cicatrices marcadas en la mirada.
@JoaquinitoAzcu
Santa Fe, 3 de Septiembre de
2013.
El año ya estaba perdido en enero, vieja.
ResponderBorrarSupimos decirlo a tiempo, Duch. Twitter es testigo.
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