miércoles, 10 de julio de 2013

Cuando la memoria se traduce en homenaje

La anécdota es recurrente en boca de mi viejo. Al “Pancho” le gusta traerla de la memoria, al fin y al cabo el público siempre se renueva. Corría el año 1983. Año de la apertura democrática. La política por aquellos días se vivía distinta, con muchísima euforia, se había dejado atrás hacía poco tiempo la noche más oscura que tuvo nuestro país. Yo en aquel entonces tenía solo tres años. Era un chiquitín inquieto, pero que ya formaba parte de tradición Socialista: no había acto del partido en Entre Ríos al que mis viejos no me llevaran. Estábamos cerca de Octubre, sobre el tramo final de la campaña Presidencial. Por aquel entonces vivíamos en Rosario del Tala, y se había anunciado el cierre de campaña provincial con un gran acto en Paraná. El cro. Guillermo Estévez Boero era nuestro candidato. Llegamos a Paraná, y el club rebalsaba de gente. Guillermo sube al escenario. Después de un discurso emotivo donde aún tengo un leve recuerdo de su voz tronando por los autoparlates del Club, el compañero Estévez termina con su mensaje. Se baja del escenario, y es automáticamente alzado en andas sobre los hombros de algún compañero. La euforia se adueño del lugar, todos cantaban, todos gritaban y entonaban el “Cambia, todo cambia” de la Negra Sosa, que fue nuestro estandarte a lo largo de toda la campaña. Fue en ese instante, en que la euforia se tradujo en fiesta, cuando le pregunto impacientemente a mi viejo: “Ya ganamos papá? Ya ganamos?” El Pancho se ríe, trata de explicarme que “no”, que “faltaba poco”, pero que todavía no. Y entonces no entendía el porqué de tanta alegría. Momentos más tarde, y con el salón repleto, y las pulsaciones más bajas, se sirve la comida. Casualidades o no, el compañero Guillermo se sienta justo a mis espaldas. Me avisan y me doy vuelta. Veo que en ese movimiento de saludar y saludar compañer@s se le cae una escarapela de Argentina que tenia agarrada de la camisa. Me agacho entre una multitud de piernas y sillas, logro juntar la escarapela, le toco el hombro a Guillermo, se da vuelta y le digo: “Se te cayó”. Sonríe, agarra la escarapela, me alza y me da un beso en la frente. Vaya bautismo. Ese, sin dudas, fue mi ingreso oficial a este Partido. Una imagen cargada de simbolismos.

Sea como fuere, hoy sigo en esta organización. Y sin dudas Guillermo es una suerte de faro que sigue iluminando cuando la vista se nubla, cuando el camino se hace borroso. Hoy son muchos (demasiados) los que recitan sus frases cuasi de memoria, y no se les para de caer su nombre de la boca. No alcanza. No alcanza, si nuestra conducta no condice con lo que decimos. Y esa también es una enseñanza que nos dejó el viejo: la importancia de la coherencia. Y cuánta vigencia cobra esa palabra en estos días.

Buenos amigxs y compañerxs, quería compartir este texto en un día altamente emotivo para quienes somos y sentimos el socialismo. La militancia no descansa. "Siempre se marcha, nunca se llega".


@JoaquinitoAzcu
Santa Fe, 3 de Febrero de 2011.

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