Viernes 19A.
Abro las cuentas de mi perfil en diferentes redes sociales. Y si, el
día después de otra jornada de protesta de gran magnitud en nuestro
país deja sus rastros, sus marcas, en muros, tweets, en correos
electrónicos. Amigos, conocidos, compañeros de militancia de
diferentes espacios, transforman estas herramientas digitales en
eventuales trincheras ideológicas desde donde disputan sus verdades
relativas. Es que mucha es la tela que dejo para cortar este 18 de
Abril. Y acá viene mi aporte, que quizá pueda ayudar a construir la
verdad colectiva. Que es, en definitiva, la suma de todas nuestras
verdades relativas.
Debo empezar
reconociendo que, a diferencia de los anteriormente autoproclamados
“cacerolazos” del 13 de septiembre y 8 de noviembre de 2012, en
esta oportunidad, la adhesión de pensadores que respeto muchísimo
-por dar algunos ejemplos Beatriz Sarlo y Roberto Gargarella- me hizo
un poco de ruido. No creo que haya sido definitorio en cuanto a un
viraje de mi punto de vista, pero es innegable que cuestiones así
exigen ser más agudos a la hora de expresar las ideas, y darles una
vuelta de tuerca a nuestros razonamientos.
Hay que
empezar por decir que lo de ayer fue atípico. Que cientos de miles
de personas se movilicen no es un dato menor, ni es un hecho normal.
Sean por las causas y motivaciones que sean. Nunca se puede
subestimar tamaña cantidad de gente caminando por la calle, en todos
los rincones del país, aunque se lo haga de manera esporádica. Es
que hay algo muy llamativo en todo esto, y es el hecho de entender
que, instintivamente o no, un segmento importante de nuestra sociedad
decide hacer valer unos de los derechos más importantes y genuinos
al que nos asiste nuestra Constitución: el de la protesta. Derecho
inmanente. Que nos pertenece. Y que ningún gobernante,sea del color
político que sea, no los concede, ni tampoco nos lo puede sustraer.
Pero se me
hace inevitable seguir remarcando que las cuestiones que me generan
contrariedad no son muy distintas a la de las dos anteriores marchas.
El multiconsignismo ecléctico, propio de un formato de protesta sui
generis, sigue siendo, quizá, lo que más ruido me hace. Participo
activamente en el Partido Socialista desde los 18 años. Y jamás
milite para estar "en contra de". No me mueve el odio. Ni
la irracionalidad. Sí las convicciones. Y si algo tengo claro es que
al Gobierno Nacional hay que ganarle la calle. Pero todos los días,
todo el año. Ayer me toco leer pancartas con consignas que banco y
defiendo a muerte: Defensa de la Educación Pública, No a la
Megamineria, No alFracking, Por una Reforma Judicial verdaderamente
Democrática, No a la ReRe. El tema no eras esas consignas, con las
que uno no puede dejar de coincidir. Sino las otras. Las que rozaban
un espíritu antidemocratico.
Y de repente
estoy hablando de democracia. Por que es en este tipo de
acontecimientos donde afloran y se patentan usos engañosos sobre el
sentido, alcance y esencia del sistema democrático. Diariamente se
cometen muchos lapsus -facticos y lingüísticos- en nombre de la
democracia. Por parte de oficialistas, pero también por parte de
ciertos opositores. Lo que vimos ayer no es LA DEMOCRACIA.Es, en todo
caso, una de sus expresiones. Una de sus formas. Que muchísima
gente haya salido a la calle no implica que nuestra intensidad
democrática sea mayor. No siempre la cantidad hace a la calidad.
Sobre todo si tenemos en cuenta que muchos de los que ayer
protestaron siguieron pidiendo que este Gobierno “se vaya”, o que
dimitiera. De la misma forma, pero en la otra vereda, el Gobierno nos
quiere vender como democrática una reforma nada más ni nada menos
que a uno de los tres poderes que sustentan nuestro sistema de
gobierno, sosteniendo, por ejemplo, que elegir por voto popular, y en
listas partidarias, a los integrantes del Concejo de la Magistratura
es profundizar el sistema republicano. Clima de época: hablar de
democratización, sin permitir mover una coma de los proyectos
enviados al congreso. Cuidado, señores. La democracia como coartada,
de un lado y de otro,puede tener resultados nefastos.
Hago un
paréntesis y provocadoramente pregunto, cuántos de los que
marcharon ayer, y cantaron “se va a acabar la Dictadura de los K”,
votaron a este Gobierno en Octubre de 2011? Tamaña paradoja, verdad?
Solo hay una verdad en todo esto: si hubiera una oposición política
consolidada, no hubiera habido marcha.
Ya lo hice
en mi columna sobre el 8N. Y vuelvo pedir perdón por no poder
pensar algunas cuestiones de otra manera, mi militancia política
determina mucho mis razonamientos, pero no puedo dejar de marcar que
esta gran protesta es la muestra fáctica más contundente de la
debilidad que tenemos hoy los partidos políticos. Es asumir
tácitamente nuestro fracaso, nuestra imposibilidad de pensar la
política desde nuevos paradigmas, de lo costoso que se nos hace
repensar propuestas y formatos de participación atractivos, y
aggiornados a los tiempos que corren. En la medida que esto sea así
ninguna organización podrá canalizar todas las demandas que se
vieron ayer en la calle. Y mientras esto no suceda me permito ser un
poco más escéptico que de costumbre, ya que las posibilidades de
construir una alternativa real, de construir un contrapoder,que haga
girar la rueda de la historia en el sentido del progreso, son cada
vez más lejanas. Y lamentablemente en este escenario la disputa
política seguirá siendo entre el conservadurismo administrativista
entusiasta de Scioli, la vuelta de las recetas neoliberales de Macri,
y, como mucho, algún candidato que pueda instalar el Kirchnerismo en
diáspora. Todo arbitrado desde las grandes usinas mediáticas: La
Corpo, y la ContraCorpo.
Sé que
muchos no van a compartir estas palabras, y reconozco que hay cierta
pulsión catártica en la columna. Pueden putearme con tranquilidad.
Todo aporta. Pero también la idea era un poco esa: provocar. Por mi
parte voy a seguir aportando en la construcción política de una
herramienta que transforme verdaderamente la vida de la gente. Sin
atajos,ni agachadas. Y con el compromiso que exigen los tiempos que
corren. Al fin y al cabo Trotsky tenía razón: “Qué dicha la de
vivir en tiempos tan trascendentales”.
@JoaquinitoAzcu
Santa fe, 19
de abril de 2013

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