Domingo 9 de
junio, año 2013. Son las 15:47hs de una fría y nublada tarde de
otoño. Algunos rayos de sol intentan colarse por mi ventana, se
entremezclan con el relato televisivo del partido que suena de fondo.
Y no cabe dudas que este momento será imborrable. Entre lágrimas y
sollozos se me ocurre escribir. Se me ocurre dejar sentado -en
palabras- mis sensaciones, en este, uno de los días más tristes de
mi vida. En una situación que jamás pensé que tendría que vivir:
El Club Atlético Independiente, mi club, el orgullo nacional, esta
descendiendo de categoría de manera inevitable.
Una catarata
imparable de recuerdos se suceden una y otra vez por mi cabeza,
recuerdos de cuando mi querido Rojo atravesaba momentos de gloria,
que se traducían en felicidad absoluta, en una suerte de alegría
inconmensurable, que no todos pueden darse el lujo de conocer.
Imágenes fugaces de mis 9 años, en aquellas siestas de domingo en
Rosario del Tala, sentado en el living de mi casa, mis hermanos
durmiendo, y yo escuchando la transmisión radial con los auriculares
puestos, y pegado al equipo Noblex con tocadiscos de mi querido
viejo, del Pancho, a quien le debo mi filiación futbolera, y a quien
le voy a agradecer eternamente haberme hecho hincha del club mas
lindo del planeta. Seguramente él, junto a mi hermano Franco,
estarán ahora en Entre Ríos sentados frente al televisor, atónitos.
Como pidiéndole explicaciones al cielo, como queriendo encontrar
respuestas. Como debe estar toda la marea roja en este momento
Aquellas
anécdotas datan de 1989. Son los primeros recuerdos conscientes de
mi fanatismo rojo. Eran los últimos años de la vida deportiva del
Bocha, de Ricardo Enrique Bochini, símbolo indiscutido e historia
viviente del CAI. El bocha, ídolo de grandes y chicos de diferentes
clubes, nos daría ese mismo año el Torneo Nacional, con un equipo
humilde, pero con el sello distintivo de independiente, de paladar
negro y pierna templada. De corazón y fútbol, como fueron siempre
los grandes equipos rojos. Como su historia manda.
Luego
vendrían más alegrías, vendría la primera etapa de Miguelito
Brindisi, y ese equipo infernal de 1994: Islas, Craviotto, Rotchen,
Serrizuela, Ramirez, Cagna, Perico Pérez, Gustavito López, Garnero,
Rambert y el Palomo Usuriaga. Una de las pocas formaciones que se
recitar de memoria, y con la que me sucedía algo que pocas veces
pude sentir en mi vida de aficionado a este deporte: la sensación de
que los partidos estaban ganados antes de que empezaran. Pareciera
ser que -por aquellos años- la mística Copera y la rica historia de
mi club se materializaban simbióticamente, para ir por los
vestuarios visitantes en la previa de cada partido, golpeando la
puerta, y diciendo, “Ojo, acá esta Independiente señores”.
Ese mismo
1994 le ganaríamos una recordada final de Supercopa a Boca,
coronándonos campeones por primera vez de esa competencia. Un año
más tarde, en 1995, nos haríamos de la Recopa, en Japón, frente al
Vélez de Bianchi. Y más tarde, en la segunda mitad de ese año
repetiríamos la obtención de la Supercopa, ya con el Zurdo López
como técnico. Vendría una larga de sequía de consagraciones, hasta
ese arrasador equipo del Tolo Gallego de 2002. Y ocho años más
tarde -2010- volveríamos al plano internacional coronándonos
campeones de la Sudamericana, último título internacional obtenido
por un equipo Argentino.
Nada de todo
esto puede apagar esta angustia. Esta desazón. Esta claro, y que
nadie se confunda: el fútbol es un deporte. Y solo eso. Pero no
podemos obviar la forma en que se siente el fútbol en este país, y
el componente altamente pasional, folklórico e irracional que
cargamos quienes somos hinchas fanáticos de nuestros colores.
Este día
será una mancha negra imborrable para independiente. Para un
historial cargado de gloria, de mística, del cual un país pudo
sentirse orgulloso en más de una etapa de la historia profesional de
este deporte. Porque el rojo es eso, es el club de todos. Es el club
que supo ser embajador futbolístico de argentina, y que supo -a
través de sus éxitos- cosechar simpatías más allá de su propia
hinchada. Independiente es grande. Es muy grande. Por eso no tengo
dudas de que vamos a volver muy pronto. Y que vamos a hacer de esta
angustia de hoy nuestra futura fortaleza.
Pero sin
olvidar, Rojo. Sin olvidar a quienes nos pusieron en este lugar. A
los hijos de puta que se apropiaron de mi Club, como una jauría de
animales. A esos, que subestimaron tu historia, que se pasaron por el
culo tus logros, ni olvido ni perdón.
Se que vas a
volver. Porque los grandes pueden tener tropezones. Pero nunca caen.
Te pido una hazaña más, Independiente. Una como la del ´77, en
Córdoba, cuando empataste con 8 jugadores un partido arreglado por
el poder político de turno, que no disimuló en ningún momento su
simpatía por Talleres.
Volve pronto
Rojo. Y que esta angustia otoñal del 2013 sea solo un recuerdo
pasado. Se que a así va a ser, te veremos resurgir. La historia -tu
historia- así manda.
@JoaquinitoAzcu
Santa fe, 9
de Junio de 2013

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En twitter, encntrame como @JoaquinitoAzcu. Abogado portador sano, Beatlemaniaco, Militante del PS, Cinéfilo, librepensador ocioso. Fana Rojo. EX Co-conductor de @roscandroll, fue hermoso mientras duro.