miércoles, 10 de julio de 2013

Tristeza otoñal en el Mar Rojo

Domingo 9 de junio, año 2013. Son las 15:47hs de una fría y nublada tarde de otoño. Algunos rayos de sol intentan colarse por mi ventana, se entremezclan con el relato televisivo del partido que suena de fondo. Y no cabe dudas que este momento será imborrable. Entre lágrimas y sollozos se me ocurre escribir. Se me ocurre dejar sentado -en palabras- mis sensaciones, en este, uno de los días más tristes de mi vida. En una situación que jamás pensé que tendría que vivir: El Club Atlético Independiente, mi club, el orgullo nacional, esta descendiendo de categoría de manera inevitable.

Una catarata imparable de recuerdos se suceden una y otra vez por mi cabeza, recuerdos de cuando mi querido Rojo atravesaba momentos de gloria, que se traducían en felicidad absoluta, en una suerte de alegría inconmensurable, que no todos pueden darse el lujo de conocer. Imágenes fugaces de mis 9 años, en aquellas siestas de domingo en Rosario del Tala, sentado en el living de mi casa, mis hermanos durmiendo, y yo escuchando la transmisión radial con los auriculares puestos, y pegado al equipo Noblex con tocadiscos de mi querido viejo, del Pancho, a quien le debo mi filiación futbolera, y a quien le voy a agradecer eternamente haberme hecho hincha del club mas lindo del planeta. Seguramente él, junto a mi hermano Franco, estarán ahora en Entre Ríos sentados frente al televisor, atónitos. Como pidiéndole explicaciones al cielo, como queriendo encontrar respuestas. Como debe estar toda la marea roja en este momento

Aquellas anécdotas datan de 1989. Son los primeros recuerdos conscientes de mi fanatismo rojo. Eran los últimos años de la vida deportiva del Bocha, de Ricardo Enrique Bochini, símbolo indiscutido e historia viviente del CAI. El bocha, ídolo de grandes y chicos de diferentes clubes, nos daría ese mismo año el Torneo Nacional, con un equipo humilde, pero con el sello distintivo de independiente, de paladar negro y pierna templada. De corazón y fútbol, como fueron siempre los grandes equipos rojos. Como su historia manda.

Luego vendrían más alegrías, vendría la primera etapa de Miguelito Brindisi, y ese equipo infernal de 1994: Islas, Craviotto, Rotchen, Serrizuela, Ramirez, Cagna, Perico Pérez, Gustavito López, Garnero, Rambert y el Palomo Usuriaga. Una de las pocas formaciones que se recitar de memoria, y con la que me sucedía algo que pocas veces pude sentir en mi vida de aficionado a este deporte: la sensación de que los partidos estaban ganados antes de que empezaran. Pareciera ser que -por aquellos años- la mística Copera y la rica historia de mi club se materializaban simbióticamente, para ir por los vestuarios visitantes en la previa de cada partido, golpeando la puerta, y diciendo, “Ojo, acá esta Independiente señores”.

Ese mismo 1994 le ganaríamos una recordada final de Supercopa a Boca, coronándonos campeones por primera vez de esa competencia. Un año más tarde, en 1995, nos haríamos de la Recopa, en Japón, frente al Vélez de Bianchi. Y más tarde, en la segunda mitad de ese año repetiríamos la obtención de la Supercopa, ya con el Zurdo López como técnico. Vendría una larga de sequía de consagraciones, hasta ese arrasador equipo del Tolo Gallego de 2002. Y ocho años más tarde -2010- volveríamos al plano internacional coronándonos campeones de la Sudamericana, último título internacional obtenido por un equipo Argentino.

Nada de todo esto puede apagar esta angustia. Esta desazón. Esta claro, y que nadie se confunda: el fútbol es un deporte. Y solo eso. Pero no podemos obviar la forma en que se siente el fútbol en este país, y el componente altamente pasional, folklórico e irracional que cargamos quienes somos hinchas fanáticos de nuestros colores.

Este día será una mancha negra imborrable para independiente. Para un historial cargado de gloria, de mística, del cual un país pudo sentirse orgulloso en más de una etapa de la historia profesional de este deporte. Porque el rojo es eso, es el club de todos. Es el club que supo ser embajador futbolístico de argentina, y que supo -a través de sus éxitos- cosechar simpatías más allá de su propia hinchada. Independiente es grande. Es muy grande. Por eso no tengo dudas de que vamos a volver muy pronto. Y que vamos a hacer de esta angustia de hoy nuestra futura fortaleza.

Pero sin olvidar, Rojo. Sin olvidar a quienes nos pusieron en este lugar. A los hijos de puta que se apropiaron de mi Club, como una jauría de animales. A esos, que subestimaron tu historia, que se pasaron por el culo tus logros, ni olvido ni perdón.

Se que vas a volver. Porque los grandes pueden tener tropezones. Pero nunca caen. Te pido una hazaña más, Independiente. Una como la del ´77, en Córdoba, cuando empataste con 8 jugadores un partido arreglado por el poder político de turno, que no disimuló en ningún momento su simpatía por Talleres.

Volve pronto Rojo. Y que esta angustia otoñal del 2013 sea solo un recuerdo pasado. Se que a así va a ser, te veremos resurgir. La historia -tu historia- así manda.

@JoaquinitoAzcu

Santa fe, 9 de Junio de 2013

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