Hace
exactamente un año, un 8 de febrero de 2012, se presentaba ante mí -como
tantas veces sucede- el popularmente conocido como Día-de-Mierda. Aún
lo recuerdo. Una jornada de locura, desbordada de actividades. Que se completaría con la sustracción de mi querida Honda Biz. ¿Qué más
podía pasar? Pero como es sabido, siempre se puede estar peor. Y esa noticia nos
sacudió. El Flaco Spinetta había muerto. Luis Alberto nos
dejaba, se iba de paseo eterno al espacio, en esa nave de fibra
del Capitán Beto.
La escritura es un arte rodeado de complejidades. Es, quizá, la disciplina artística
más enrevesada. Por el simple hecho de que es la escritura la forma en que se plasma la Poesía. Y debo ser sincero: para algunos de nosotros, la poesía, es un tanto inaccesible. No solo en nuestra
imposibilidad de comprender ciertas profundidades. Sino en la
dificultad que representaría intentar elaborarla, hacer la mixtura precisa de palabras, encontrarle un sentido, una estética, y que no
termine siendo filosofía de café de media mañana. Es para
elegidos. Solo para algunos.
Y si a eso
le sumamos la mezcla de poesía con buena música, tanto más difícil.
Pero los “iguales” existimos para eso: para disfrutar de los distintos. El Flaco supo hacer lo que pocos: crear un maridaje
perfecto de música y poesía. Su largo recorrido artístico trajo
consigo una obra única, emotiva, sorprendente. Aún recuerdo cuando siendo muy pequeño mis viejos
ponían el primer disco de Almendra. Muchacha ojos de Papel fue mi
entrada al mundo Spinettiano.
El legado
que nos dejo el Flaco es invalorable. Es, sin dudas, uno de los
hacedores del Rock Nacional, término del que tanto renegó Luca
Prodan, cuando decía “El Rock Nacional no existe, el rock es rock”, con cierto escepticismo sobre las posibilidades de elaborar
este género en lengua castellana. Pero bien sabemos que Spinetta, con su poesía y composición musical (junto al aporte generacional de grosos como Los Gatos, Moris, Manal,
Vox Dei y demases) fundaron un sub-genero con un estilo propio, de raigambre nacional, y que prontamente se difundiría por todo
el continente.
Nunca leí a
Artaud. O en todo caso lo leí a través del Flaco. Para mi gusto, su mejor disco. O por lo menos es el me llega mas
profundamente, y me sigue erizando la piel cada vez que lo escucho. Artaud es una obra que aparece como firmada
por Pescado Rabioso, pero que el flaco compuso sobre el ocaso de la banda,
y es propia creación en su casi totalidad. Difícilmente podamos encontrar, en el rock nacional, una obra musical que pueda mantener tanta vigencia durante tanto tiempo.
Hace un año
nos dejaste, Luis Alberto. Y de ahí en más despertaste esa sed.
La Sed Verdadera. No importa, como dijiste
alguna vez: “No habrá un destino incierto, ni habrá distancia que
pueda alejarme de ti”.
@JoaquinitoAzcu
Santa Fe, 8
de Febrero de 2013
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