miércoles, 10 de julio de 2013

Una Luz que sigue iluminando

Pasaron seis años. El análisis frío de los números me dice que no parece ser tanto. Sin afirmar que ha pasado poco. En circunstancias tan especiales, como esta, la relatividad del tiempo se materializa no en la fría suma matemática de segundos que ya no te tenemos con nosotros. Sino en cuánta es la energía que me ocupa extrañarte. En cuántas apariciones te vuelvo a tener de nuevo conmigo. En mis pensamientos, en mis sueños.

Hace tiempo ando con ganas de escribirte. Pero parecía ser que nunca era el momento indicado. A veces falto de inspiración. En otras afloraron los miedos. Miedos que siempre se presentan y dicen “Hola”, a la hora de remover fibras tan íntimas, que hacen que esos recuerdos hermosos, puedan transformarse de nuevo en angustia.

Pero hoy, 2 de noviembre de 2011, no es así. Hoy tengo ganas de recordarte. Y recordarte tal como te tengo presente en mi cabeza. Con esa frescura espontánea, propia de los espíritus libres. Desacartonada. Frontal. Respetuosa. Conmovedora en tantas ocasiones. Y dueña de una inteligencia admirable. Recordarte de la misma forma en que viviste. Porque esa es la forma que te siguen teniendo presente tus amigas, tus amigos. Que te sigo recordando yo. Y que te siguen recordando mis hermanos y mi viejo querido.

Las lágrimas vienen. Obvio. Imposible escribir estas líneas sin su presencia. Son tantas las cosas que tengo para decirte, y tantas las que me quedan por contarte, que sería imposible abordarlas en este escrito. Alguna vez, un amigo tuyo, muy especial, dijo “Lo que me pone muy mal es no poder seguir compartiendo todas las charlas que pudimos tener. Es como si me quedara esa horrible sensación de que no era el momento de que se fuera”. Nunca es el momento, creo. Y es verdad esto, desde que te fuiste siento que el mundo perdió a uno de su mejores “hijos”. Y es un poco menos agradable seguir habitándolo.

Por eso, cuando evocamos a la memoria, todas estas sensaciones fluyen. Son sentimientos que atraviesan nuestra razón, y con las que tenemos que aprender a lidiar. Y claro que se puede. Eso también me lo enseñaste vos. A mirar hacia delante, a tomar lo positivo de cada experiencia, por compleja que pueda ser. Cornelius Castoriadis, filósofo griego que ahondó sobre le tema de la finitud humana, supo decir que “Nuestra muerte ilumina nuestra vida. Si nuestra muerte carece de sentido, tampoco lo tuvo nuestra vida”. Vaya si así lo hiciste! Una vida cargada de sentido, que supo iluminar e impactar positivamente sobre la vida de otros, conllevo a que cuando te atreviste a dejarnos, una parte de todos nosotros pareciera haberse ido con vos.

Es así, Sonia Luz. Te extraño. Y me gusta poder decírtelo. A pesar de que lo mucho que te enojaba cuando te decía Sonia, en vez de Mamá. Era para pelearte un poco. Y vos lo sabías. Las cosas están bien por acá, a pesar de que tu silencio se haga oír con mucha fuerza. Porque a pesar de eso siempre estas. Tu presencia se siente en cada decisión que tomo, en cada paso que doy. Vos me convertiste en militante de una organización a que quiero, y le debo mucho, pero por sobre todo me hiciste un militante de la vida. En tu nombre, A POR ELLA!!


@JoaquinitoAzcu

Santa Fe, 2 de Noviembre de 2011

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